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- LOS INICIOS (45)
- 25. Marzo 2012: El imperio de la cola. NO.
- 13. Marzo 2012: Correr por correr
- 17. Diciembre 2011: Entrenamientos para el maratón semana 14.
- 24. Octubre 2011: Entrenamientos para el maratón semana 13: Escucha tu cuerpo.
- 27. Julio 2011: El maraton segun liza. La voz de la experiencia.
- 18. Julio 2011: Entrenamientos para el maraton mas semana 12, en manos de los mejores.
- 9. Junio 2011: Entrenamientos para el maraton semana 12. Seguir a pesar de las dificultades.
- 18. Mayo 2011: Entrenamientos para el maratón semana 11, demasiado rápido para llegar lejos:
- 2. Mayo 2011: Entrenamientos para el marathon: Javier.
- 11. Abril 2011: Entrenamientos para el maraton semana 10: de la mano de los mejores
Archivo para 29. Junio 2009
El dia D la hora H (2ª parte)
29. Junio 2009 por Josep Juis.
Se ha escrito mucho sobre el éxito y el fracaso, pero en la referente a él, para mi sólo existe una realidad: “sólo fracasa quien no lo intenta”.
Ya por el kilómetro cinco, y a pesar de mantener un ritmo a priori inesperado, quedé descolgado. Me sentí huérfano, impotente, perdido, obligado a afrontar 16 largos kilómetros con la sensación de que todo aquello no valdría la pena. Al sentimiento inicial de derrota, le siguió uno de confusión, y más tarde, en cuestión de segundos un ejercicio de autoengaño. Me dije a mi mismo: “si no pierdes de vista el grupo aún puedes lograrlo”. El siete, el ocho, el nueve, miraba a lontananza y allí estaban, firmes en el empeño, regulares, engañosamente cercanos. A unos metros del 10 la necesidad de vomitar hizo que redujese significativamente el ritmo. Segundos más tarde llegué a la altura de un Ignaxio, que poco a poco perdía fuelle. Sus palabras de ánimo me ayudaron. Pasé le diez mil en 39’ 18’’: “coño si tengo dos segundos de ventaja”. El once, el doce, el trece, comenzaba a perder tiempo sin poder hacer nada. A la altura del kilómetro 15 mi desventaja superaba ya los treinta segundos y era habitual que otros atletas me rebasasen con facilidad. Me sentía cansado, tenía nauseas, eructaba con agresiva frecuencia, el sueño debía aplazarse, Nueva York debía esperar. En el 16 dejé de marcar los kilómetros, no podría soportar ver un kilómetro picado por encima de cinco. Los últimos cinco kilómetros prefiero no recordarlos. Pasé la línea de meta en una hora veinticinco minutos y cincuenta segundos, mejor marca personal pero muy lejos del objetivo. Michel bajó por segundos de la hora y veintitrés minutos, Alberto la superó por casi uno. Tras la ducha sólo una idea rondaba mi cabeza, un pensamiento único que monopolizaba con testaruda tiranía el resto de pequeñas y grandes ideas, un obsesivo reflejo de mi filosofía vital: el día y la hora de mi próxima tentativa, por que sólo hay un hecho cierto, sólo fracasa quien no lo intenta.
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