Archivo para Abril 2010

The brooklyn bridge

 

Siempre había asociado la práctica de la carrera a pie por la ciudad de Nueva York: con el sinuoso trazado que recorre Central Park a lo largo de sus 341 hectáreas, o bien, con el bullicioso devenir de corredores representados por la máxima expresión del atletismo popular: su maratón, pero la visita al puente de Brooklyn cambió mi percepción por completo. A lo largo de sus casi dos kilómetros el flujo de corredoras recorriendo con programada reiteración el espacio colgante que une Manhattan con brooklyn se asemeja, salvando las distancias, al que camina con paso firme desde Roncesavalles a Santiago en época de estio. Corredoras cuya máxima pretensión es adelgazar, metódicos en busca y captura de la serie perfecta, cazadoras de fuerza exprimiendo sus cuadriceps pendiente arriba, nuevos adeptos al deporte que todo lo cura, un amasijo de piedra caliza granito y cemento soportado por cables de acero, testigo involuntario de la épica eclosión del atletismo popular. Como acostumbraba a dictar Parker Lewis en su afamada serie para adolescentes grabadora en mano: -recordatorio, correr por el puente de Brooklyn la próxima vez que visite Nueva York.

 

 

Iñaki y Alex caminaban puente arriba, yo tras sus pasos, a unos 20 metros, plasmaba en imágenes la grandeza del puente vista desde su interior. Una Neoyorkina de esbelta figura y turgentes pechos se cruzó con ellos, y vino a mi mente la manida expresión que responde con agudeza una pregunta aún más manida:

 

-¿a ti que es lo que más te gusta de una mujer?

 

-Depende de si va o viene.

 

Cuando llegó a mi altura yo también me giré para verle el culo. Llevaba puesta una camiseta técnica color berenjena y unos pantalones de deporte muy cortos que facilitaban la visión de unos isquios casi perfectos. La ley de la gravedad, cruel en exceso con el sexo femenino, parecía no contar con ella entre sus víctimas . Fotografié risueño su aniñada forma de correr, y continué caminando puente arriba sabedor de que su recuerdo formaría ya parte sustancial de mi memoria atletica. Sesenta metros más tarde me crucé con otra corredora que portaba, enchida de satisfacción, una camiseta blanca sobre la que podía leerse: bank of america Chicago marathon. Su estilo, mucho más depurado, recordaba al trotar machacón, contante, imperturbable, de aquellos que han echo del maratón su forma de vida. Desbordados por la marea de féminas concluimos la visita al puente de Brooklyn para dirigirnos a la zona financiera de la ciudad.

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