Archivo para 28. Septiembre 2010

Practicando idiomas, el dia D. 1 de noviembre de 2009.

 

Sentados, espalda apoyada sobre un árbol ocupado por personas de distintas nacionalidades Kiko aprovechó para realizar un completo repaso de su vida, mostrando con satisfacción lo conseguido y esperando optimista lo que esta por llegar. Si en el futuro recibo el oneroso encargo de redactar si biografía cuento ya con material más que de sobra. Cuando conoces a alguien por primera vez tu arsenal de prejuicios se dispara sin tregua, dando rienda suelta a un sin fin de ideas preconcebidas que el tiempo se encarga de extirpar. El caso de Kiko no fue una excepción. Encarábamos ya el décimo quinto episodio de : vida y milagros de kiko el atleta hecho a si mismo, cuando una decena de participantes, apoyados sobre sus sillas móviles se detuvo frente a nosotros. Un miembro de la organización los alineó con mimo a la espera de que llegase su turno para iniciar la prueba. Se creo un silencio respetuoso, sereno, pleno de admiración. Los allí presentes fijamos incrédulos nuestra mirada sobre los atletas y tras unos segundos de impás un tímido aplauso rompió tanta liturgia.

 

Cuando pienso en todas aquellas personas que ven como el paso del tiempo deteriora su salud deformando bruscamente sus adocenados cuerpos presos ya de la alimentación desproporcionada y del deporte cero, personas reas de su propia incapacidad, de su tendencia suicida por elegir el camino mas fácil, el mas llano, el camino de los mediocres, el camino de aquellos que se rinden antes de empezar a luchar y cuyo único argumento que esgrimir como salvaguarda de todo lo que esta por llegar es: -es que no tengo tiempo, una mezcla de rabia y decepción me invade. Ahora frente a mi puedo ver en reverso de la moneda, y un alud de júbilo y orgullo me invade sin poder evitarlo. -Dios salve a estos atletas, por que su presencia aquí hoy los hace dignos de admiración infinita.

 

Minutos antes de abandonar la zona común para dirigirme nervioso al siguiente estadio en la evolución, el próximo y último cajón de salida, pongo nuevamente a prueba mis nervios incorporándome a una de las muchas filas que se forman ante los retretes de campaña. Delante de mí, tan bien a la espera, un grupo de italianos se muestra jovial. El capo, el más alto de ellos, sujeta en su mano derecha, como si de la antorcha olímpica se tratase, un rollo de papel higiénico a medio terminar. El esteriotipo del italiano presumido y maqueado se tambalea en el acto. Tras reprobar mentalmente su nada glamurosa imagen caigo en la cuenta de que tras el alubión de prácticas visitas el urinario carecerá con toda probabilidad de papel higiénico, y aquí, en el culo del mundo, mi mano izquierda, pese a ser zurdo, no debería ser dramática protagonista. Me aventuro a solicitar ayuda, y ante mi demanda el italiano guasón dice sonriendo: - e un dono, io non lo restituiscuono (es un regalo, es para ti, no es necesario que me lo devuelvas) o algo por el estilo.

|