Archivo para Enero 2011

Entrenamientos para el maraton semana 3: El fosforito, marca de la casa.

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Tenía la sensación de llevar toda la vida haciendo lo mismo. Repetía las rutinas con pasmosa agilidad mientras la expresión de dolor había dado paso a una mueca de seguridad que convertía la tercera de las semanas en un plácido transitar hacia cotas mayores. La sombra del maratón parecía ya menos alargada. Confiaba en que si entrenaba bien terminaría compitiendo aún mejor. Es curioso, pero el axioma de: “así entrenas así compites” se cumple con muy pocos corredores. Dentro del universo de atletas los hay que sufren la presión de las carreras. Ese rectángulo numerado comienza a pesar como una losa segundos después de prenderse sobre su pecho asido por cuatro imperdibles, y a unos entrenamientos de ensueño le sigue una nueva decepción sin explicación aparente. Otros, entre los que creo encontrarme, sacan de la prueba mucho más de lo que en apariencia podían ofrecerla. Se crecen, se centran, buscan en el placer de competir el acicate que invierta la lógica permitiendo alcanzar unos objetivos inesperados de partida. Bajo esta premisa, y entrenando con muy buenas sensaciones, nada podía salir mal.

 

Al terminar la ultima de las sesiones de la tercera semana, la que daba por concluida esta para iniciar sin tregua la cuarta, dedique 20 minutos a estirar con desacostumbrado mimo la mayoría de los músculos que forman parte de las piernas. Conforme dejaba caer la espalda en pos del suelo, colocado en posición de rodillas, un sentimiento de paz interior permitió que me abstrajese de todo. Estaba solo, tirado como un contorsionista fracasado sobre un trozo de ajada hierva, mirada perdida, brazos abiertos, y un inoportuno sol castigador como involuntario testigo. Nadie presente, nadie por llegar. Y allí quieto, como perdido, pensé en Javi, y en Alberto y en Víctor y en Lourdes y en Inaxio, y en Michel, y en Fernando, y en María Jesús y en Iñaki, y en Yago, y en Sevi, y en Roberto ……. y en los más de 42.195 corredores a los que no conocía, de los que nada sabía, más de 42.195 anónimos compatriotas o extranjeros que a lo largo de estas semanas de viacrucis personal recrearían con mimético desconocimiento las rutinas y manías del resto de corredores, de todos aquellos que serían de la partida el próximo 1 de Noviembre. En el punto álgido de la reflexión el rodar despreocupado de una corredora enfundado en una camiseta fosforita en la que se podía observar con claridad la leyenda 42195.es me devolvió bruscamente a la realidad gasteiztarra. El esfuerzo por transmitir la filosofía del movimiento nos había llevado a empapelar la ciudad de camisetas fosforitas, marketing de alta escuela, y ya resultaba casi imposible transitar por Vitoria sin toparte con varios desconocidos portando la elástica emblema de la marca. Como la prensa local gustaba en definir: “los deportistas de las ya conocidas camisetas amarrillas fosforitas”. Si reúnes a 100 personas y las pones a competir en una carrera popular de nivel medio y destacada participación, alrededor de 2.000 participantes, portando unas camisetas de color negro, probablemente el comentario generalizado destacaría que habían competido varios corredores del club vestidos con la elástica azabache. Sin embargo, si en lugar de elegir el color neutro, te decantas por nuestro amarillo, Muchos serían los que destacasen que cientos de corredores, portando camisetas fosforitas habían contribuido a dar un colorido especial a la prueba. Ya se sabe, como en nuestra época de adolescentes, me como una y cuento 20.

Entrenamientos para el maraton: semana dos, pasando de atajos.

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Natxo, gran atleta y mejor persona.

Afortunadamente en el mundo del atletismo no existen los atajos, o al menos no para aquellos individuos que pueden presumir de ser deportistas, para el resto, populares o profesionales, el mas absoluto de los desprecios. Mi primo Aitor, corredor habitual y estudioso de la carrera a pie, suele apostillar con vehemencia que: tanto entrenas tanto rindes. No existen los progresos milagrosos ni los corredores que sin apenas entrenar mejoran día tras día. Es una de las grandezas de este deporte, si quieres conseguirlo tendrás que esforzarte. Es curioso observar, cuando la operación galgo esta en las portadas de todos los periódicos deportivos, el poco conocimiento que los no iniciados tienen sobre los limites de su propio cuerpo. Argumentan hieráticos que su paisana, la vaca sagrada del atletismo de elite no recurrió a sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento deportivo por que entrenaba como una autentica posesa, mañana tras mañana y tarde tras tarde, sin entender que sustancias como la eritropoyetina o recursos como la autotransfusión te permiten seguir corriendo cuando el resto de los mortales ya no podemos ni mantenernos en pie. A la décima serie te duelen tanto las piernas y te sientes tan fatigado que solo quieres que algún ser de color verdoso y procedencia marciana te tele transporte al sofá de tu casa para poder descansar, mientras los del atajo completan una serie mas con una amplia sonrisa en su afinado rostro. Lo dicho, mi desprecio más absoluto.

Despues del cuarto de los entrenamientos de fuerza el cuerpo empezaba a acostumbrase a funcionar como un muelle perpetuo y el dolor en gemelos y cuadriceps ya resultaba mas llevadero. Podía disfrutar de los rodajes a ritmos muy muy lentos, sin sentir que alguno de mis músculos terminase por estallar. Solo estaba completando la segunda de las semanas pero el saber que nos habíamos puesto en marcha y superado las dudas iniciales me proporcionaba una confianza que seria clave para lo que estaba por venir. Una de las principales ventajas del trabajo de fuerza, ventaja que se transforma en inconveniente cundo cesas en su practica, es que los resultados positivos se perciben a muy corto plazo. El músculo se adapta con rapidez a esta rutina permitiéndonos soportar mayores cargas.

Los medios de comunicación han alimentado la popularidad de los profesionales del deporte magnificando sus logros y proyectando su imagen como modelos a seguir por una sociedad habida de referentes. Si los valoramos como iconos pronto querremos ser como ellos, vestir como ellos, correr tanto como ellos y con las mismas zapatillas que ellos portan. Viendo la realidad con la perspectiva que proporciona la experiencia, tratando se ser objetivo y a la vez crítico me limito a concluir que los atletas de elite tienen mucho que aprender del colectivo popular.¡ Y creíamos que eran ellos los que nos iban a dar lecciones!.

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