Archivo para Mayo 2011

Entrenamientos para el maratón semana 11, demasiado rápido para llegar lejos:

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Entre el 21 y 27 de Septiembre acumulé seis días de entrenamiento, pero sólo procedía correr en cuatro de ellos. El Viernes estaba reservado en exclusiva al trabajo de fuerza con peso y el Domingo a dar una vuelta en bicicleta de noventa minutos, periodo que aproveche para conocer nuevas zonas residenciales de la cuidad sin la presión de correr a un ritmo determinado o unas pulsaciones concretas. El Sábado afronté un rodaje de una hora y cuarenta y cinco minutos sin poder superar las 140 pulsaciones. Al término del mismo paré a beber agua en una fuente cercana. Al levantar la testa tras el segundo trago contemplé la imagen distorsionada de un viejo amigo de fatigas atletitas. Me costó reconocerlo pues, pese a que el sol pegaba de espaldas permitiéndome ver con nitidez su imagen, debía pesar más de 15 kilogramos desde la última vez que coincidimos. Se que se trasladó a Madrid requerido por su empresa, pero de eso habían transcurrido apenas tres años. Titubeé unos segundos antes de juntar varias palabras con sentido y apoyado en mi poca diplomacia le pregunté abiertamente:

 

-Pero que coño te ha pasado.

 

-ya ves, contestó, dejé de entrenar, y como me gusta tanto comer.

 

Recordamos viejas anécdotas atléticas mientras evocaba el deseo casi diario de volver, acompañando este de un interminable listado de excusas que justificaban, al menos para él, su fracaso como atleta popular. “Si tienes que hacer algo que supone un esfuerzo no valores como vencer esa resistencia, trabaja para tener una excusa que poder poner a la venta”, esta parecía ser la teoría que regía ahora el destino de un corredor de gran voluntad en el pasado, convertido sin remedio en una sombra engordada de lo que antaño fue.

Desgraciadamente este perfil atlético se repite con mayor frecuencia de lo que nos gusta asumir. Son corredores noveles que irrumpen en el mundo popular con una fuerza y voracidad difícilmente controlables. Mejoran brutalmente sus marcas en periodos muy cortos asombrando a corredores veteranos por su capacidad para entrenar y progresar. Nada les puede detener, ningún reto es grande a sus ojos. Afrontan maratones con desparpajo estableciendo marcas que generan envidia entre sus iguales. Todo parece estar de cara, son los nuevos reyes del asfalto. Una lesión inoportuna, un catarro mal curado, una sucesión de carreras en las que las marcas antiguas no se ven superadas, principios del fin de quien afronta la principal prueba de fondo: seguir trotando a pesar del paso del tiempo, corriendo demasiado rápido para llegar lejos.

Entrenamientos para el marathon: Javier.

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Al tiempo que preparaba mi primer maratón Javier hacia lo propio con el suyo. Resulta extraño pensar que ambos debutaríamos en los 42.195metros en la misma prueba, la cuarenta edición del maratón neoyorquino. El es en gran medida el responsable, sin saberlo, de que siga practicando este deporte que tanto amo. Su compañía me sirvió de acicate para no dejarlo en los momentos de duda, manteniendo viva la ilusión cuando esa envenenada vocecilla que a todos nos asalta me ordenó gritando con autoridad dictatorial que debía dejarlo, que ya estaba bien, que ya había corrido todos los kilómetros que me correspondía afrontar en esta vida. La voz se fue, exiliada, y yo seguí corriendo, y Javier estaba allí, a mi par, sonriendo como siempre, fluyendo en el circuito del Prado como quien flota sobre un mar de algodón.

A pesar de su inmensa calidad los comienzos resultaron muy duros. Finalizó la temporada a mediados de junio en la carrera de Araia y por indicación expresa de su entrenador no afrontó la primera semana de entrenamiento hasta el diez de agosto de 2009. Un mes y medido sin hacer nada para alguien que sabe disfrutar a tope de la vida resulta sin duda demasiado tiempo. Los primeros rodajes mostraron con crueldad  lo traumático  del proceso de adaptación humana. El cuerpo tarda horas en asumir que dejas de entrenar y te dedicas a disfrutar del sol, la cerveza y los entresijos de la noche, pero se resiste con contundente firmeza a retomar los entrenamientos por muy suave que sea el ritmo al que trates de hacerlo. Ese era el sino de Javi, Un corredor acostumbrado a competir por debajo de 3,30 atrapado en la inverosímil paradoja de poder rodar a duras penas cerca de cinco el mil.

 

La siguiente semana, huérfano aún de sensaciones positivas, se desplazó a Málaga para disfrutar de unas vacaciones ganadas a pulso a lo largo de todo un duro año de trabajo. En Torremolinos se unió a Alberto, Víctor y Yago y las penalidades pasaron a ser cosa de cuatro. El plan de Javier estaba basado en la acumulación de kilómetros semanales huyendo como de la peste de las teorías expuestas por la escuela americana, defensora a ultranza de los largísimos rodajes como piedra angular del entrenamiento de maratón. Jeff Galloway y sus acólitos pasaban con peligrosa frecuencia de los 30 kilómetros en sus largas tiradas, mientras que Javier nunca llegó a rebasar los 23. Todo método resulta bueno en la medida en la que funciona, y el de Javier terminaría brindándole un grandísimo resultado.

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