Archivo para 2. Mayo 2011

Entrenamientos para el marathon: Javier.

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Al tiempo que preparaba mi primer maratón Javier hacia lo propio con el suyo. Resulta extraño pensar que ambos debutaríamos en los 42.195metros en la misma prueba, la cuarenta edición del maratón neoyorquino. El es en gran medida el responsable, sin saberlo, de que siga practicando este deporte que tanto amo. Su compañía me sirvió de acicate para no dejarlo en los momentos de duda, manteniendo viva la ilusión cuando esa envenenada vocecilla que a todos nos asalta me ordenó gritando con autoridad dictatorial que debía dejarlo, que ya estaba bien, que ya había corrido todos los kilómetros que me correspondía afrontar en esta vida. La voz se fue, exiliada, y yo seguí corriendo, y Javier estaba allí, a mi par, sonriendo como siempre, fluyendo en el circuito del Prado como quien flota sobre un mar de algodón.

A pesar de su inmensa calidad los comienzos resultaron muy duros. Finalizó la temporada a mediados de junio en la carrera de Araia y por indicación expresa de su entrenador no afrontó la primera semana de entrenamiento hasta el diez de agosto de 2009. Un mes y medido sin hacer nada para alguien que sabe disfrutar a tope de la vida resulta sin duda demasiado tiempo. Los primeros rodajes mostraron con crueldad  lo traumático  del proceso de adaptación humana. El cuerpo tarda horas en asumir que dejas de entrenar y te dedicas a disfrutar del sol, la cerveza y los entresijos de la noche, pero se resiste con contundente firmeza a retomar los entrenamientos por muy suave que sea el ritmo al que trates de hacerlo. Ese era el sino de Javi, Un corredor acostumbrado a competir por debajo de 3,30 atrapado en la inverosímil paradoja de poder rodar a duras penas cerca de cinco el mil.

 

La siguiente semana, huérfano aún de sensaciones positivas, se desplazó a Málaga para disfrutar de unas vacaciones ganadas a pulso a lo largo de todo un duro año de trabajo. En Torremolinos se unió a Alberto, Víctor y Yago y las penalidades pasaron a ser cosa de cuatro. El plan de Javier estaba basado en la acumulación de kilómetros semanales huyendo como de la peste de las teorías expuestas por la escuela americana, defensora a ultranza de los largísimos rodajes como piedra angular del entrenamiento de maratón. Jeff Galloway y sus acólitos pasaban con peligrosa frecuencia de los 30 kilómetros en sus largas tiradas, mientras que Javier nunca llegó a rebasar los 23. Todo método resulta bueno en la medida en la que funciona, y el de Javier terminaría brindándole un grandísimo resultado.

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