Archivo para 17. Diciembre 2011

Entrenamientos para el maratón semana 14.

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REM, al margen de ser la banda que ha creado la mejor canción de la historia de la música moderna es una de las fases del sueño, fase caracterizada por una importante actividad cerabral unida a la imposibilidad manifiesta de realizar movimientos debido al bloqueo de las neuronas motoras por parte del cerebro. REM, podría ser tambien la fase en la que un corredor entra cuando su cuerpo ha dicho:-no sigas,- pero su cerebro maquina y maquina de forma inconsciente concatenando una sucesión de falacias conocidas destinadas a calmar la mayor de las frustraciones: la imposibilidad de correr. ¿Que hace un corredor cuando no corre?, nada. ¿que es un corredor que no corre? nada.

A mediados de la semana catorce, a un par de kilómetros de finalizar un entrenamiento del que siempre estaré orgulloso sentí un agudísimo pinchazo en el músculo contiguo a la tibia que me obligó a detener la marcha. Apreté los dientes, tomé aire con fuerza, e intenté correr nuevamente, pero el dolor me lo impidió. Finalezé el entrenamiento con serios problemas para caminar y marché a la ducha algo desanimado. En ese momento comenzó el primer estadio de la fase REM del corredor, estadio en el que el autoengaño se convierte en hilo conductor de todos los actos venideros. -bueno, un poco de hielo, descansamos mañana, y el viernes como nuevo. Al día siguiente sientes una euforia contenida al comprobar que puedes realizar sin dificultad los actos básicos de la vida diaria, y entre paseos a la fotocopiado y giros en la silla del despacho realizas extraños movimientos delatores que tratan de poner a prueba la lesión y alimentar tu confianza. Parece que todo ha quedado en un susto, auguras, y regresas a casa sintiendote de alguna forma culpable por haberte saltado el entrenamiento del jueves. Un día despues, al inicio del entreno, el dolor se agudiza de tal forma que comienzas a jurar en arameo pese a no tener nociones de esa lengua.

La tibia parecía arderme, un clavo imaginario penetraba en ciclos de 3 segundos de manera reiterada a cada desesperada zancada. No pude controlar el dolor, no pude hacer nada por seguir corriendo, tuve que parar. Sentía la necesidad de llorar desconsoladamente, sin pudor, ahogado en una maraña de pueril impotencia.

El Lunes inicié sin saberlo el segundo estadio de la fase REM del corredor, aquel estasdio en el que nos dedicamos a visitar médicos que nos dicen todo auquello que no queremos oír. Su insistencia a la hora de tratar de covencernos para que paremos no casa con nuetra fundada necesidad de seguir. -Si para ahora perderé la forma-pensamos- y tras comprometernos a no correr inicimos la tercera fase: la fase de los deportes alternativos. Natación, ciclismo, eliptica, caminar deprisa, sólo nos falta practicar la hípica con el caballo asumiendo el roll de jockey. Una semana despues de hacer de todo menos correr inicié una nueva tentativa atletica, tentativa fallida camarada. No tuve más remedio que convertir mi plan de entrenamiento de 16 semanas para el maratón de Nueva York, en mi nuevo plan de entrenamiento de 14 semanas para el maratón de nueva york. El plan ha muerto, larga vida al plan.

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