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Entrenamientos para el maraton semanas 7 y 8: el sitio adecuado en el momento oportuno.

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Durante las semanas siete y ocho el periodo preparatorio general continuaba reservándonos la incomoda compañía del tedioso trabajo de fuerza. Si sus resultados no fuesen tan evidentes hace tiempo que lo habría sustituido por una botella caducada de anís del mono. Entre el 24 y 31 de Agosto y el 1 y 6 de Septiembre dediqué seis productivos días a tensionar los músculos con una pesada barra soldada a las vértebras. Los discos golpeaban sobre la barra a cada alzada reproduciendo un sonido que terminaría interiorizando con absurdo agrado. El camarote de casa, sito en planta baja, se había transformado en un gimnasio sin cuota, y mis furtivas visitas nocturnas comenzaban a despertar la desinformada curiosidad de las vecinas más persistentes. Su ausencia de noticias terminaría, contra mi voluntad, por alentar rocambolescas teorías conspiratorias. Chismorreos al margen, tenía un plan que cumplir, y no estaba dispuesto a perderme en explicaciones más cercanas a la excusa, en oídos de quien no quiere oír, que amigas de la razón.

Trataba de ceñirme con extrema precisión al plan sin sentirme desubicado. A lo largo de la vida es imprescindible tener muy claro cual es tu sitio. Participe en la vigésimo primera edición de la media maratón de Lisboa convencido de que un circuito tan llano y a nivel del mar me proporcionaría la oportunidad de pulverizar mi mejor marca en la distancia. Me presente con tiempo en la estación de metro y enlace desde este con el tren para atravesar el puente 25 de Abril, jalón inicio de la prueba, ataviado con los colores de 42 y una sonrisa perezne que irradiba confianza. Al abandonar el tren para emprender un breve paseo de unos 10 minutos previos a la linea de salida me incorpore al anden integrando sin pretenderlo parte del torrente de corredores, en su mayoria de nacionalidad portuguesa, que pugnaban sin orden ni criterio por abandonar la estación de ferrocarril a lo largo de un escueto vomitorio localizado en el ala norte. Entre la multitud se agolpaban participantes tanto de la media maratón como de la prueba testimonial de siete kilómetros. Progresar un metro era cuestión de varios minutos y múltiples incomodidades. Al calor propio de un día soleado y viento sur en Lisboa se unía la axfisiante interacción de los cuerpos hacinados. Sorprendía ver, junto a atletas enjutos, señoras de avanzada edad y apariencia escasamente deportiva. Todos formábamos parte de un amasijo heterogéneo de cuerpos con un planteamiento de carrera a cual mas dispar. Me despedí de aquella estación harto de encajar golpes y acelere el paso con firmeza,corriendo a una velocidad nada acorde con un calentamiento. Breve fue mi progresión, breve mi algarabía, junto a una rotonda un nuevo tapón de cientos de corredores detenía el paso a la espera de que el único camino de acceso al puente, muy estrecho, se fuese liberando gota a gota. 25 minutos después, victima de incontables empujones, me planté ante el camino deseado.

El sendero presentaba un desnivel negativo y fuerte pendiente. Ante mi una madre primeriza luchaba por no atropellar con el carrito del bebe a los corredores que lo antecedían. A ocho metros del final del camino el alubión de corredores se detuvo súbitamente ante el cochecito del bebé. Los metros finales estaban flaqueados por un grupo de empinados escalones. La mujer se giró desconcertada, yo la miré sin saber bien que decir. Entre ambos sujetamos el cochecito por los dos extremos e iniciamos el descenso de los escalones con mucho cuidado. No tardamos demasiado en descender, pero a mi se me hizo francamente muy largo. Ya en el puente, a unos 200 metros de la salida, 20 minutos después del inicio de la prueba, mire al cielo, jure en arameo y apretando los puños con rabia exclame frustrado: ¡decididamente este no es mi sitio¡.

Entrenamientos para el maraton semana sexta: apostando por la tableta de chocolate

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A estas alturas aún no había padecido: fiebre, cefaleas, escalofríos, astenia, inhibición del deseo sexual, adenopatía, hepatoesplenomegalia, hemorragias, sock, parálisis cerebral, delírium tremen, bronconeumonía, secreciones nasales, pérdida del apetito, picores generalizados, náuseas, ictericia, dolor abdominal, inflamación de las articulaciones, pérdida o disminución de la erección, descarga uretral mucosa y purulenta, sensaciones de quemazón en la uretra, proctitis, faringitis gonocócica, incontinencia urinaria, llagas, ronquera, dolor en el pecho, alucinaciones, comportamientos antisociales, movimientos espasmódicos, ni tan siquiera había asomado una diminuta ampolla en ninguno de mis castigados pies. Iba a resultar que esto del maratón, a pesar de afrontar ya el final de la sexta semana, no resultaba tan fiero como lo pintaban.

8.400 eran las abdominales que había completado dando por buena la teoría que defiende que un buen popular debe esforzarse por potenciar su parte superior, prestando una especial atención a la “tableta de chocolate”. Un corredor por definición corre, por que es correr lo que en esencia le hace feliz. Lamentablemente toda evolución tiene unas servidumbres, y llega un momento en el que no basta con incrementar el número de sesiones, o intensificar los ritmos, o reducir la recuperación en las series. Si quieres obtener más tendrás que ofrecer más y de manera más variada. En esa ecuación imposible es donde fortalecer abdominales y lumbares cobra especial relevancia. Los abdominales tienen como misión mantener el cuerpo erguido y más allá del componente estético, que lo tiene, juegan un papel fundamental en la positiva evolución del corredor. Comenzaba a reconocer bajo la fina capa de grasa la rigidez imposible de los músculos abdominales, echo que por insólito e inesperado me hacia realmente feliz.

Entrenamientos para el maraton semana 5, en el reino de los mazas.

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Regresé de la breve semana de vacaciones con la sensación de haber perdido en los entrenamientos más de lo ganado. Deshidratado, con gesto cariacontecido y la confianza inmersa en un efímero atisbo de duda tan molesto para el atleta como la minúscula china que trepa por el talón de la zapatilla  y termina alojándose a cada zancada en la base del pie de apoyo. Al menos La fuerza en estático, protagonista estelar del periodo preparatorio general no me había dado la espalda, y su manifiesta progresión reclamaba una nueva vuelta de tuerca so pena de verse atrapada en el estancamiento. Bajo estas premisas me dirigí a una gran superficie comercial para adquirir una barra metálica larga y los discos que encajasen en ella. Las rutinas de fuerza iniciales, al mes ya superadas, se verían ahora acompañadas de la penosa experiencia de asociar peso al movimiento. 25 sentadillas consecutivas ya no eran nada, si las comparábamos con idéntico número y 22 kg a la espalda. Pulule errático entre estanterías durante minutos sin tener muy claro hacia donde dirigirme. Los nuevos hábitos de consumo han transformado radicalmente la forma que tenemos de interactuar en las tiendas, y la relación, lejos de establecerse con el dependiente se entabla directamente con el producto. Bicicletas, zapatillas de deporte, kimonos, micropatines, palos de golf, balones de balón cesto, recorrí la tienda 10 veces antes de preguntar. Por fin llegué al maná de los mazas, aquellos que entre alzada y alzada ahogan sus penas en batidos de proteínas sospechosamente aderezados. Rodeado de mancuernas me sentía tan desubicado como lo pueda estar Romário da Souza Faria encabezando vestido de cuero y grana  la  carroza protagonista en el día del orgullo gay. Minutos después, protagonizando un recital de indecisión y titubeos vencí mi absurda vergüenza inicial y, sujetando la barra con la mano izquierda y los discos con la derecha me encaminé, sorteando estanterías y curiosos, hacia las cajas registradoras. Tuve que detenerme en varias ocasiones antes de plantarme frente a la caja dos. Izaskun, cajera de opulencia infinita sonrió desconcertada antes de pedirme que depositase los artículos sobre la cinta transportadora. La longitud y  peso de la barra convirtió la operación en una sucesión de despropósitos involuntarios. La cajera hubiese tardado menos en quitarse un traje de buzo de la talla XS de lo que le costó deshacerse de mi incómoda presencia. Al menos no trató de introducir el equipo dentro de esas absurdas bolsas de plástico forradas de publicidad que tan generosamente contribuyen a incrementar la contaminada imagen de este planeta. Ya en el aparcamiento exterior, frente al vehículo, surgió la pregunta clave: -¿pero como narices meto yo esto ahora en el coche?.

semana 4, la cerveza el autentico balsamo de fierabras.

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Comenzaba a rodar por la mañana, muy temprano, y aunque en Salou el calor es un problema a cualquier hora del día, no es nada comparado con la sensación de sudor permanente provocada por la humedad relativa del aire. -La maratón en si es muy dura, pero aun peor es lo que deberás sufrir hasta llegar a la salida, se apresuraban a predicar todos aquellos que conocían bien, a base de chocar con el muro, lo complicado y traumático de esta experiencia. De los cinco grandes maratones, los denominados Majors, Nueva York, Chicago y especialmente Berlín exigen en la preparación un esfuerzo extra por parte del atleta. Si acumular 25 km en una tirada larga supone una experiencia difícil de justificar ante un no iniciado, los argumentos se agotan definitivamente cuando debes recorrerlos con temperaturas cercanas a los 30 grados centígrados. Londres y Boston se disputan en Abril, lo que atenúa en parte la dureza de la preparación haciendo más atractiva la participación en ellos. Yo no tenía la suerte de estar entrenando cara a Boston o Londres, así que tocaba sudar de lo lindo. Iniciaba el recorrido por el carril de bicicletas que transita paralelo al paseo marítimo y trotaba con mucha calma tratando de evitar que un ritmo demasiado alto me dejase fundido antes de poder culminar lo programado. Reconfortaba comprobar con sadismo que no era el único loco en un lugar en el que los cuerdos resultaban rara avis. Cada tramo de entre cuatro y seis minutos se veía interrumpido por una ducha improvisada, sin gel ni champú para el pelo, que mitigaba durante segundos la sensación de formar parte activa del mismísimo infierno. El factor climatológico que mas afecta sin duda el rendimiento de un corredor, huracanes al margen, es el calor teñido de humedad. Notas sequedad en las mucosas, nauseas, fatiga mental y física, y una sensación muy similar a la que te acompaña tras una noche cargada de alcohol y escasos complejos. Al finalizar lo isotónico se volvía insuficiente, y solo la frescura de la cerveza me permitía recuperarme de un entrenamiento más teñido de épica que de sentido práctico.

Entrenamientos para el maraton semana cuatro. learning to fly.

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Camino despreocupado por el paseo marítimo que une las localidades de Cabrills y Salou ataviado con unos pantalones cortos y una gorra de color rojo fuego. En Vitoria el invierno se hace demasiado largo, y poder pasear o correr sin camiseta resulta un lujo que en pocas ocasiones tengo la oportunidad de disfrutar. Camino solo, sin prisa, ventajas de estar de vacaciones. Siempre que debo correr en un lugar donde no lo había hecho antes me gusta conocerlo previamente. De no ser así el primer entrenamiento resulta extrañamente traumático. A pesar del calor y la humedad la ligera brisa del mar permite alargar la caminata sin temor a desfallecer. Al final del paseo, Muy cerca ya de la localidad de Cambrils abandono la parte embaldosada para acercarme, previo paso por la arena, hasta el mar mediterraneo. Me siento muy cerca de la orilla, dado chance a que la marea termine por mojarme. Un pescador estival se sienta junto a mi cansado de tanta tentativa frustrada.

Entablamos una conversación baladí que con el transcurrir del tiempo termina derivando en temas profesionales. La pesca es para Adolfo la forma que el tiene de crear un mundo paralelo, una realidad distinta a la vivida, ajena totalmente a su dura labor como jefe de recursos humanos en una conocida multinacional. -La gente es la hostia- se queja-Es que son la hostia. Los gurús de los recursos humanos, expertos en inteligencia emocional y relaciones interpersonales marcan la pauta a seguir en un mundo en el que Adolfo se desenvuelve con aparentes complicaciones. Tanta gente por contratar como por despedir. Con la libertad que me concede la nula implicación de mis palabras, le sugiero que en sus procesos de selección se decante por contratar asiduos a la carrera a pie. Generando una mueca cargada de sorpresa y desaprobación a partes iguales y tras amagar el gesto natural y necesario para morderse la lengua, termina preguntando por que. Le contesto: -Correr no es solo partir de un sitio para llegar a otro, correr es demostrarse a uno mismo y a los demás que progresar diariamente, con paciencia, sin desfallecer, es la mejor forma de cumplir cualquier objetivo. Correr fortalece tu voluntad, te sitúa en un plano de superioridad, te permite tener mucho ganado antes de empezar la prueba. El corredor sabe que la carrera es larga, pero es consciente de que una carrera, por muy larga que resulte, siempre empieza por un primer paso. El corredor sabe que tanto en la vida como en el deporte siempre surgen complicaciones, siempre llega el muro, pero nadie como el para poder superarlo. El corredor cumple el objetivo, entrena todos los días para ello. Cuando el corredor supera un desafío se abren las puertas del siguiente, por que lo realmente importante para él, tanto en el deporte como en la vida, es seguir evolucionando. Y dicho esto estreche su ajada mano, sonreí confiado, y volví hasta el hotel corriendo con zancada firme.

Entrenamientos para el maraton semana 3: El fosforito, marca de la casa.

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Tenía la sensación de llevar toda la vida haciendo lo mismo. Repetía las rutinas con pasmosa agilidad mientras la expresión de dolor había dado paso a una mueca de seguridad que convertía la tercera de las semanas en un plácido transitar hacia cotas mayores. La sombra del maratón parecía ya menos alargada. Confiaba en que si entrenaba bien terminaría compitiendo aún mejor. Es curioso, pero el axioma de: “así entrenas así compites” se cumple con muy pocos corredores. Dentro del universo de atletas los hay que sufren la presión de las carreras. Ese rectángulo numerado comienza a pesar como una losa segundos después de prenderse sobre su pecho asido por cuatro imperdibles, y a unos entrenamientos de ensueño le sigue una nueva decepción sin explicación aparente. Otros, entre los que creo encontrarme, sacan de la prueba mucho más de lo que en apariencia podían ofrecerla. Se crecen, se centran, buscan en el placer de competir el acicate que invierta la lógica permitiendo alcanzar unos objetivos inesperados de partida. Bajo esta premisa, y entrenando con muy buenas sensaciones, nada podía salir mal.

 

Al terminar la ultima de las sesiones de la tercera semana, la que daba por concluida esta para iniciar sin tregua la cuarta, dedique 20 minutos a estirar con desacostumbrado mimo la mayoría de los músculos que forman parte de las piernas. Conforme dejaba caer la espalda en pos del suelo, colocado en posición de rodillas, un sentimiento de paz interior permitió que me abstrajese de todo. Estaba solo, tirado como un contorsionista fracasado sobre un trozo de ajada hierva, mirada perdida, brazos abiertos, y un inoportuno sol castigador como involuntario testigo. Nadie presente, nadie por llegar. Y allí quieto, como perdido, pensé en Javi, y en Alberto y en Víctor y en Lourdes y en Inaxio, y en Michel, y en Fernando, y en María Jesús y en Iñaki, y en Yago, y en Sevi, y en Roberto ……. y en los más de 42.195 corredores a los que no conocía, de los que nada sabía, más de 42.195 anónimos compatriotas o extranjeros que a lo largo de estas semanas de viacrucis personal recrearían con mimético desconocimiento las rutinas y manías del resto de corredores, de todos aquellos que serían de la partida el próximo 1 de Noviembre. En el punto álgido de la reflexión el rodar despreocupado de una corredora enfundado en una camiseta fosforita en la que se podía observar con claridad la leyenda 42195.es me devolvió bruscamente a la realidad gasteiztarra. El esfuerzo por transmitir la filosofía del movimiento nos había llevado a empapelar la ciudad de camisetas fosforitas, marketing de alta escuela, y ya resultaba casi imposible transitar por Vitoria sin toparte con varios desconocidos portando la elástica emblema de la marca. Como la prensa local gustaba en definir: “los deportistas de las ya conocidas camisetas amarrillas fosforitas”. Si reúnes a 100 personas y las pones a competir en una carrera popular de nivel medio y destacada participación, alrededor de 2.000 participantes, portando unas camisetas de color negro, probablemente el comentario generalizado destacaría que habían competido varios corredores del club vestidos con la elástica azabache. Sin embargo, si en lugar de elegir el color neutro, te decantas por nuestro amarillo, Muchos serían los que destacasen que cientos de corredores, portando camisetas fosforitas habían contribuido a dar un colorido especial a la prueba. Ya se sabe, como en nuestra época de adolescentes, me como una y cuento 20.

Entrenamientos para el maraton: semana dos, pasando de atajos.

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Natxo, gran atleta y mejor persona.

Afortunadamente en el mundo del atletismo no existen los atajos, o al menos no para aquellos individuos que pueden presumir de ser deportistas, para el resto, populares o profesionales, el mas absoluto de los desprecios. Mi primo Aitor, corredor habitual y estudioso de la carrera a pie, suele apostillar con vehemencia que: tanto entrenas tanto rindes. No existen los progresos milagrosos ni los corredores que sin apenas entrenar mejoran día tras día. Es una de las grandezas de este deporte, si quieres conseguirlo tendrás que esforzarte. Es curioso observar, cuando la operación galgo esta en las portadas de todos los periódicos deportivos, el poco conocimiento que los no iniciados tienen sobre los limites de su propio cuerpo. Argumentan hieráticos que su paisana, la vaca sagrada del atletismo de elite no recurrió a sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento deportivo por que entrenaba como una autentica posesa, mañana tras mañana y tarde tras tarde, sin entender que sustancias como la eritropoyetina o recursos como la autotransfusión te permiten seguir corriendo cuando el resto de los mortales ya no podemos ni mantenernos en pie. A la décima serie te duelen tanto las piernas y te sientes tan fatigado que solo quieres que algún ser de color verdoso y procedencia marciana te tele transporte al sofá de tu casa para poder descansar, mientras los del atajo completan una serie mas con una amplia sonrisa en su afinado rostro. Lo dicho, mi desprecio más absoluto.

Despues del cuarto de los entrenamientos de fuerza el cuerpo empezaba a acostumbrase a funcionar como un muelle perpetuo y el dolor en gemelos y cuadriceps ya resultaba mas llevadero. Podía disfrutar de los rodajes a ritmos muy muy lentos, sin sentir que alguno de mis músculos terminase por estallar. Solo estaba completando la segunda de las semanas pero el saber que nos habíamos puesto en marcha y superado las dudas iniciales me proporcionaba una confianza que seria clave para lo que estaba por venir. Una de las principales ventajas del trabajo de fuerza, ventaja que se transforma en inconveniente cundo cesas en su practica, es que los resultados positivos se perciben a muy corto plazo. El músculo se adapta con rapidez a esta rutina permitiéndonos soportar mayores cargas.

Los medios de comunicación han alimentado la popularidad de los profesionales del deporte magnificando sus logros y proyectando su imagen como modelos a seguir por una sociedad habida de referentes. Si los valoramos como iconos pronto querremos ser como ellos, vestir como ellos, correr tanto como ellos y con las mismas zapatillas que ellos portan. Viendo la realidad con la perspectiva que proporciona la experiencia, tratando se ser objetivo y a la vez crítico me limito a concluir que los atletas de elite tienen mucho que aprender del colectivo popular.¡ Y creíamos que eran ellos los que nos iban a dar lecciones!.

Mas semana 1, entrenamientos para el maraton.

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 EXTENUADO TRAS EL ESFUERZO.

 

El 15 de Junio de 2009 es un día que mis piernas difícilmente olvidarán. Acostumbrados a recopilar km sin mesura, fiando los resultados al intuitivo devenir de rodajes de mayor o menor intensidad, el trabajo de base se nos presenta como una asignatura que creemos ya superada. Nada más lejos de la realidad. El gesto de incorporarme de la cama, de agacharme para acercar mis posaderas a la taza del W.C., de bajar un peldaño, de alzar las punteras para crecer ficticiamente en busca del armario más alto, de ponerme los pantalones para ir a trabajar, y un largo etc. se convirtieron en penosas torturas repetidas a lo largo de todo el día. Seguro que este plan de entrenamientos fue extraido integramente de la emponzoñada mente de Tomás de Torquemada. Y lo peor de todo, más allá del dolor, es que al día siguiente tocaba repetir.

 

A un suave rodaje de 15 minutos a un ritmo similar al que empleaba Mitch Buchannan para recorrer, a plena luz del dia la playa de Santa Monica, le sucedía el primer bloque de ejercicios. Me costaba horrores encadenar 25 sentadillas sin espetar ningún exabrupto. Solo la voluntaria compañía de Iñaki hacia que por fracciones de segundo pudiese escapar de mi dolor para centrarme con enfermizo regodeo en el suyo. Tras el bloque de fuerza realizabamos 10 minutos de rodaje a ritmo caribeño y seguidamente nuevo bloque de ejercicios. En resumen: 15 minutos de rodaje, bloque de ejercicios, 10 minutos de rodaje, bloque de ejercicios, 10 minutos de rodaje, bloque de ejercicios, 15 minutos de rodaje. Sin darnos cuenta, de forma fraccionada, afrontabamos 60 minutos de carrera desde el primer día. La sensacion de las piernas en el último bloque de carrera a pie, los últimos 15 minutos, podria asemejarse a la que protagoniza un triatleta cuando tras bajar de la bicicleta emprende con rabia el tramo a pie. Iñaki, no se si con sorna o por que firmemente lo creia comentaba que el objetivo principal del entrenamiento, más allá de fortalecer las piernas, hera recrear con escrupulosa precisión el dolor que sentiriamos en nuestro primer maratón tras 30 km de recorrido. Siendo así o no, fuimos capaces de salvar la primera semana manteniendo intacta la ilusión.

 

Entrenamientos de maraton, semana 1.

“ el resultado de un atleta en competición es la expresión individual de una suma de esfuerzos colectivos”.

Cuando decidí participar en el marathon de Nueva York entendí que debía aparcar, al menos de momento, la teoría del caos, teoría que me habia acompañado siempre en mis no rutinas atletias. Todo aquello que habia alcanzado, con mayor o menor acierto, había supuesto una respuesta intuitiva a un intento desesperado por no reglar la parte del ocio que mayor disciplina requería. Cuando baje por primera vez de 1,27 en media marathon, mi tirada mas larga apenas había alcanzado los 55 minutos, y las semanas se sucedian sin que en ninguna de ellas llegase a acumular mas de 35 km o tres días de entreno. Por fortuna o desgracia esta ocasión pintaba diferente. Si queria rodar con minimas garantías de éxito en N.Y.C. Debia tomármelo mucho mas en serio. Aproveche los amplios conocimientos de Alex, profesional del entrenamiento a alto nivel, para rellenar varios folios con 35 cuadriculas repartidos en 7 días y cinco semanas. Quedamos en un bar de referencia en Vitoria, el Canchicu, y acompañados de una taza de café comenzamos a desgranar la rutina que debia acompañarme durante las primeras semanas. En el cuerpo a cuerpo es muy difícil entenderse si emisor y receptor emplean lenguajes distintos, y los primeros minutos de comunicación fueron de manifiesto desconcierto. Yo hablaba de kilómetros semanales, y Alex se empeñaba en tratar de definir el numero de horas de trabajo cada siete días. Entente alcanzado, comenzó a escribir una F mayúscula coronada por una gruesa flecha en martes y jueves, vinculando a su significado una serie de ejercicios que servirían de base durante al menos ocho semanas. Arrodillándose frente a mi, palpo bruscamente mis gemelos con su diestra, acompañando el movimiento con una sonrisa de aprobación. Cuando hundió el pulgar derecho sobre el cuadriceps izquierdo en posición de cuclillas su gesto resultó muy distinto. -vaya mierda de cuadriceps, con esto no puedes terminar un marathon. 150 sentadillas, 150 split, ejercicios de gemelos, el mundo se me vino encima. Alex se levanto como un resorte y sin moverse del sitio comenzó a flexionar las rodillas hasta acercarlas a unos 10 centímetros del suelo, espalda recta menton erguido. Al cabo de unos minutos ambos centramos la atención del involuntario publico presente el la cafetería repitiendo al unísono ese novedoso movimiento de yo yo, -esa espalda recta, piernas flexionada, y saca culo coño.

 

 

 



Semana 1
julio Dia 13 lunes Dia 14 martes Dia 15 miercoles
Vici, eliptica o descanso Trabajo de Fuerza (F)30 sentadillas, 15 mas 15 Split, 15 Gemelos , prensa repetimos 3 veces y corremos 3 minutos entre ejercicios no hacer nada

                                                                                                               9 km

 

Dia 16 Jueves Dia 17 Viernes Dia 18 Sabado Dia 19 Domingo
Trabajo de Fuerza (F)30 sentadillas, 15 mas 15 Split, 15 Gemelos , prensa repetimos 3 veces y corremos 3 minutos entre ejercicios 30 minutos de rodaje tocandome los huevos a 140 pulsciones Descanso total 50 minutos muy suaves
9km 6km 9km

Practicando idiomas, el dia D. 1 de noviembre de 2009.

 

Sentados, espalda apoyada sobre un árbol ocupado por personas de distintas nacionalidades Kiko aprovechó para realizar un completo repaso de su vida, mostrando con satisfacción lo conseguido y esperando optimista lo que esta por llegar. Si en el futuro recibo el oneroso encargo de redactar si biografía cuento ya con material más que de sobra. Cuando conoces a alguien por primera vez tu arsenal de prejuicios se dispara sin tregua, dando rienda suelta a un sin fin de ideas preconcebidas que el tiempo se encarga de extirpar. El caso de Kiko no fue una excepción. Encarábamos ya el décimo quinto episodio de : vida y milagros de kiko el atleta hecho a si mismo, cuando una decena de participantes, apoyados sobre sus sillas móviles se detuvo frente a nosotros. Un miembro de la organización los alineó con mimo a la espera de que llegase su turno para iniciar la prueba. Se creo un silencio respetuoso, sereno, pleno de admiración. Los allí presentes fijamos incrédulos nuestra mirada sobre los atletas y tras unos segundos de impás un tímido aplauso rompió tanta liturgia.

 

Cuando pienso en todas aquellas personas que ven como el paso del tiempo deteriora su salud deformando bruscamente sus adocenados cuerpos presos ya de la alimentación desproporcionada y del deporte cero, personas reas de su propia incapacidad, de su tendencia suicida por elegir el camino mas fácil, el mas llano, el camino de los mediocres, el camino de aquellos que se rinden antes de empezar a luchar y cuyo único argumento que esgrimir como salvaguarda de todo lo que esta por llegar es: -es que no tengo tiempo, una mezcla de rabia y decepción me invade. Ahora frente a mi puedo ver en reverso de la moneda, y un alud de júbilo y orgullo me invade sin poder evitarlo. -Dios salve a estos atletas, por que su presencia aquí hoy los hace dignos de admiración infinita.

 

Minutos antes de abandonar la zona común para dirigirme nervioso al siguiente estadio en la evolución, el próximo y último cajón de salida, pongo nuevamente a prueba mis nervios incorporándome a una de las muchas filas que se forman ante los retretes de campaña. Delante de mí, tan bien a la espera, un grupo de italianos se muestra jovial. El capo, el más alto de ellos, sujeta en su mano derecha, como si de la antorcha olímpica se tratase, un rollo de papel higiénico a medio terminar. El esteriotipo del italiano presumido y maqueado se tambalea en el acto. Tras reprobar mentalmente su nada glamurosa imagen caigo en la cuenta de que tras el alubión de prácticas visitas el urinario carecerá con toda probabilidad de papel higiénico, y aquí, en el culo del mundo, mi mano izquierda, pese a ser zurdo, no debería ser dramática protagonista. Me aventuro a solicitar ayuda, y ante mi demanda el italiano guasón dice sonriendo: - e un dono, io non lo restituiscuono (es un regalo, es para ti, no es necesario que me lo devuelvas) o algo por el estilo.